¿Cómo saber si tu uso de redes sociales es problemático?
Lamiae Belghanou Tarhouli, alumna del Máster Máster Universitario en Historia de la Ciencia y Comunicación Científica. Conjunto UA/UMH/UV
Utilizar las redes sociales frecuentemente no implica automáticamente un problema. La diferencia fundamental no está solo en el número de horas que pasamos navegando, sino en el impacto que ello tiene en nuestra vida cotidiana y el grado de control que mantenemos sobre él.
El llamado “uso problemático de redes sociales” no equivale a “estar mucho tiempo conectado”. Como explica el investigador Daniel Lloret, se trata de un constructo, es decir, una forma de agrupar varios indicadores que nos permiten medir en qué momento el uso empieza a generar consecuencias negativas. “Va más allá de la frecuencia y supone que haya algún tipo de impacto en la vida diaria, tanto a nivel personal como psicosocial”, señala.
Aunque el uso de redes sociales no está reconocido como una conducta potencialmente adictiva, existe un acalorado debate entre los profesionales de la salud mental, académicos, educadores y madres y padres. En adolescentes, este uso problemático suele evaluarse a partir de varios criterios básicos. Uno de los elementos preocupantes es cuando el uso de redes sociales interfiere en diversos ámbitos de desarrollo saludable, por ejemplo en las relaciones sociales, el estado de ánimo o el rendimiento académico.
El siguiente criterio plantea la situación de haber intentado previamente reducir el tiempo de uso sin conseguirlo, un criterio que refleja la dificultad de control del adolescente. Además, que este sienta un impulso automático de conectarse o revisar su móvil, incluso sin una necesidad concreta, es otro de los factores que se tienen en cuenta al determinar el uso problemático de redes. Finalmente, otro aspecto relevante al medir este constructo es si hay existencia de conflictos familiares relacionados con el tiempo dedicado a las redes sociales.
“No hay una relación exacta entre dosis y consecuencias; hay factores personales y del entorno que modulan ese efecto”, explica Lloret. Es decir, el tiempo dedicado a estas plataformas es relevante y requiere un control, pero no suficiente para determinar si existe un problema.
Hablar de uso problemático en redes sociales no implica necesariamente considerar esta conducta como un trastorno. De hecho, este término se utiliza precisamente para evitar patologizar automáticamente y centrarse en algo más concreto: si la conducta afecta al bienestar, a las relaciones sociales o, en general, al funcionamiento diario. Esa diferencia entre cantidad de uso y consecuencias reales es la que permite distinguir entre un hábito frecuente y un uso que empieza a crear dificultades en la vida.
🙂 Agradecemos al profesor de Psicología social de la UMH Daniel Lloret Irles la revisión científica de este artículo divulgativo.