Enrique Perdiguero, profesor de Historia de la Ciencia en la UMH: “El cáncer sigue siendo innombrable porque es una condena de muerte”

Lamiae Belghanou Tarhouli, alumna del Máster Máster Universitario en Historia de la Ciencia y Comunicación Científica. Conjunto UA/UMH/UV

El cáncer es una de las causas principales de mortalidad en el mundo, pero más allá de la enfermedad en sí, es también un fenómeno cargado de significados sociales e históricos: se asocia a la muerte, se esconde tras eufemismos y se representa de maneras específicas en cada contexto. El historiador de la ciencia Enrique Perdiguero Gil, profesor en el Grado de Medicina de la Universidad Miguel Hernández, investiga la construcción social de la enfermedad en España. En el libro recientemente publicado bajo el título Cancer in Spain over the Twentieth Century. Politics, practices and knowledge (Marcial Pons, 2026), y coordinado junto al catedrático José Martínez Pérez, Perdiguero analiza cómo el cáncer se ha ido configurando como un problema social en España durante el siglo XX a través de tres ejes centrales: la construcción social y científica de un nuevo problema médico, la organización de la asistencia oncológica desde las instituciones, y la imagen y las representaciones culturales de la enfermedad. Todo ello, en un periodo marcado por la transformación de los sistemas de asistencia y por las desigualdades en el acceso a la atención.

El catedrático de Historia de la ciencia de la UMH Enrique Perdiguero Gil.

Pregunta: ¿Qué implica entender el cáncer como una construcción social que va más allá de la enfermedad?

Respuesta: Esto ocurre con todas las enfermedades. Es decir, más allá del suceso biológico, su presencia en la sociedad hace que le añadamos un determinado significado y a eso le llamamos construir la enfermedad desde un punto de vista social. Esto en el caso del cáncer todavía es más importante porque, hoy por hoy, es la enfermedad por antonomasia. Entiéndase, en el norte global; en el sur global siguen teniendo otros problemas de salud muy importantes. Por ejemplo, la polio no está erradicada porque sigue habiendo casos nuevos en Afganistán y en Pakistán.

La incidencia del cáncer es global y se da sobre todo en el mundo más rico, porque envejecemos más y el cáncer aparece con mayor frecuencia. De hecho en los próximos años, de cada dos personas, una morirá de cáncer. Esta fuerte presencia del cáncer explica el porqué de toda una construcción social sobre él. Por ejemplo, la asociación con la muerte a menudo vista como algo inevitable o incluso muy rápido, la atención a aquellos avances y posibilidades de curación; que se dedique mucho dinero a la investigación… Por eso hablamos de construcción social del cáncer.

P: ¿La construcción social es por tanto diferente dependiendo de la zona del mundo en la que estemos?

R: Claro. No solo dependiendo de la zona, sino incluso dependiendo de los países, porque cada uno tiene una organización determinada frente al cáncer. Es verdad que se parecen mucho y que no podemos hablar de fronteras estrictas, hay tendencias generales. Pero la organización de la atención al cáncer es diferente. Por ejemplo, aquí la mayoría de las iniciativas que se toman en muchos casos están financiadas por una entidad filantrópica o benéfica, la Asociación Española Contra el Cáncer -creada en 1953- que tiene una gran presencia pública y que en realidad nace de la falta de atención que se prestaba al cáncer a mitad del siglo pasado. La presencia de esa asociación determina muchas de las condiciones de cómo se afronta el cáncer en España.

Ese tipo de asociaciones no existen exactamente igual en otros sitios. En cada país tenemos una estructura que viene determinada por cómo está organizado el sistema sanitario, por cómo se financia lo público, qué asistencia hay en lo privado.

En muchas ocasiones se sigue hablando —sobre todo en la prensa— de “una larga enfermedad” o “tras años de lucha contra una larga enfermedad”. Es decir, en algunos casos el cáncer sigue siendo innombrable porque es una condena de muerte. El caso típico fue cuando falleció Almudena Grandes. Los primeros días se dijo que había muerto de cáncer, pero se tardó tres o cuatro días en decir que era un cáncer de colon. En otros casos ni siquiera se dice que el cáncer ha sido la causa del deceso. Sigue siendo algo que se gestiona con dificultad en la esfera pública en algunas ocasiones.

“Se sigue hablando —sobre todo en la prensa— de “una larga enfermedad” o “tras años de lucha contra una larga enfermedad”. Es decir, en algunos casos el cáncer sigue siendo innombrable”

P: ¿Por qué es importante estudiar el cáncer desde la perspectiva histórica y no solo desde la medicina?

R: Porque la perspectiva histórica siempre da contexto. Yo siempre digo que los historiadores somos especialistas en dar contexto. No podemos entender lo que está pasando ahora si no miramos atrás. Y mirar atrás no es para esas cosas que se dicen de “tropezar dos veces en la misma piedra”, porque, en sentido estricto, eso no pasa nunca, ni para que la historia sea maestra del futuro, porque eso tampoco sirve. La historia es útil para entender, por ejemplo, por qué la Asociación Española Contra el Cáncer está donde está. Por qué el sistema sanitario tiene una especialidad que se llama Oncología, otra especialidad que se llama Radioterapia oncológica y hay otras muchas especialidades que tratan cánceres concretos. Especialmente sigue habiendo una gran importancia de la cirugía[EP4] . Todo eso no lo podemos comprender si no entendemos cómo se ha ido organizando el sistema sanitario español público a partir de principios de los años 40, cuando se pone en marcha el Seguro Obligatorio de Enfermedad, que nace en el franquismo y que tiene unas capacidades determinadas. Ese sistema ha influido muchísimo en el desarrollo posterior del sistema sanitario. De hecho, no cambia demasiado hasta la Ley General de Sanidad de 1986.

Estamos hablando del cáncer como si fuera “el cáncer” y en realidad no es uno solo. El cáncer es una construcción social, pero biológicamente cada cáncer es diferente de otros. Y también, al ser diferente, tiene una construcción social propia. No es lo mismo tener un cáncer de mama —que, hoy día, tiene muchas posibilidades de supervivencia— que tener un cáncer de páncreas, que tiene pocas. Hay toda una serie de cuestiones que, si no miramos desde una perspectiva histórica, no podemos entender hoy.

P: ¿Por qué tuvo España tradicionalmente menos estudios históricos sobre el cáncer en comparación con otros países, incluso periféricos?

R: Es un interrogante que no sabemos responder. A lo largo de los años hemos desarrollado diversos proyectos de investigación y abordado numerosos temas. En el periodo franquista, en cierto modo, intentábamos centrarnos en ámbitos todavía poco explorados. Y eso, sin duda, condiciona las líneas de investigación: plantear temas inéditos o escasamente trabajados aumenta las posibilidades de obtener financiación. En un momento dado, decidimos cambiar parcialmente de enfoque, después de haber dedicado bastante tiempo al estudio del sistema sanitario, la educación sanitaria y cuestiones afines. Fue entonces cuando advertimos que el cáncer, pese a su enorme relevancia social y médica en la actualidad, apenas contaba con estudios históricos. Más allá de los trabajos de Rosa Medina, centrados en lo ocurrido durante el primer tercio del siglo XX y especialmente vinculados a la radioterapia, existía un vacío considerable.

No sabemos exactamente por qué se ha investigado tan poco este tema en España. Estamos muy por detrás de algunos países europeos, también de Brasil o Argentina, en los que si existen estudios relevantes. Aquí, en cambio, prácticamente no había nada. Aun así, hace unos años una investigadora británica afirmó que “la historia del cáncer es todavía una historia por hacer”. Es decir, tampoco puede decirse que España constituya una excepción absoluta en este terreno. Nuestro interés es empezar a construir esa historia. No tenemos todavía una visión global de lo que ocurrió. Para hacer investigación histórica tienes que ir a archivos, encontrar documentos. No estamos todavía en disposición de publicar una historia global del cáncer en España.

P: El cáncer pasó de ser algo tabú a algo más visible, ¿por qué?

R: En algunos casos sigue siendo un tanto tabú. Empezó a darse visibilidad cuando una serie de médicos, y también antes de la Guerra Civil la monarquía y después entidades como la Asociación Española Contra el Cáncer, empezaron a mostrar que era una enfermedad con mucha presencia en la sociedad. En los años 40 muchos autores dibujaban curvas en las que se veía cómo la mortalidad por tuberculosis —la enfermedad infecciosa que más venía preocupando— descendía, mientras la curva de mortalidad por cáncer iba hacia arriba. El cáncer aparecía en todos los estratos sociales. Eso fue muy relevante para darle visibilidad.

Perdiguero Gil, E., & Martínez Pérez, J. (Eds.). (2025). Cancer in Spain over the twentieth century: Politics, practices and knowledge. Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Sociales. https://www.marcialpons.es/libros/cancer-in-spain-over-the-twentieth-century/9791387913403/

P: ¿Fue importante el papel del cine, la prensa y los medios?

R: Hay una investigadora del grupo, Ángeles Gómez, que está intentando ver cómo aparece el cáncer en el cine. No hay demasiado, pero está trabajando en ello. También estamos viendo si aparece en la literatura y en la ficción y, por ahora, tampoco hemos encontrado demasiado. Sí tiene más importancia la prensa. Desde los primeros años del siglo XX empiezan a aparecer anuncios de clínicas de radioterapia y luego crecientemente noticias sobre descubrimientos. Pongo “descubrimientos” entre comillas porque luego habría que ver hasta dónde llegan realmente esos avances. Si uno mira cuántas veces aparece la palabra “cáncer” en los buscadores de grandes periódicos, la presencia ha ido creciendo muchísimo. Es algo parecido a lo que ha ocurrido con la salud mental. La depresión era un estigma, no se hablaba de ello. Y a partir de que determinadas personas —especialmente deportistas— empezaron a contar sus problemas, la salud mental se hizo visible socialmente.

P: ¿Cómo condicionó el contexto político en España a la atención al cáncer?

R: De manera muy importante. En primer lugar, por la organización de la asistencia sanitaria durante el franquismo. Antes de la guerra, no había un sistema sanitario público como tal. Había asistencia benéfica en hospitales, médicos titulares pagados por ayuntamientos y sociedades de socorros mutuos. Después de la guerra, el franquismo puso en marcha el Seguro Obligatorio de Enfermedad. Era un seguro que solo cubría a trabajadores con salarios bajos. Eso fue evolucionando lentamente. Tardó mucho en haber especialidades determinadas para tratar el cáncer. La asistencia sanitaria franquista tiene características muy concretas: construcción de hospitales, ambulatorios, organización de especialidades… Y el otro elemento fundamental fue el papel de la beneficencia. La Asociación Española Contra el Cáncer organizaba mesas petitorias, huchas, campañas en la calle, carteles, símbolos de colaboración o insignias… Eso hacía visible el problema. Pero también mostraba que el dinero no venía del Estado, sino de una entidad benéfica o filantrópica. La decisión política de no cubrir adecuadamente el cáncer mediante el sistema público hizo que una asociación privada asumiera gran parte de esa función. Eso no ocurrió solo con el cáncer. Determinó gran parte de la asistencia sanitaria durante el franquismo.

P: ¿Cómo influyeron los roles de género en la atención al cáncer?

R: Es un tema muy interesante que está estudiando otra investigadora del grupo, la profesora Berta Echaniz. Es muy llamativo que, por ejemplo, en la Liga Española Contra el Cáncer y luego en la Asociación Española Contra el Cáncer, quienes atendían el cáncer desde el punto de vista científico eran médicos hombres. Los que gestionaban administrativamente también eran hombres, y a las mujeres se les daba un papel diferente: las juntas de damas. En las mesas petitorias solo aparecían mujeres. Es decir, tenían un papel subalterno, pero muy visible en la captación de dinero. Por otro lado, eso les permitía aparecer en el espacio público. Hay una especie de dicotomía: las mujeres no están presentes en los espacios científicos y directivos, pero sí tenían un papel fundamental en la recaudación y representación social. Antes de la guerra, muchas de esas mujeres eran nobles o burguesas con dinero. Y figuras como la reina o, durante el franquismo, Carmen Polo, aparecían vinculadas a estas iniciativas. Todo muy ligado a las élites políticas y económicas.

«La decisión política de no cubrir adecuadamente el cáncer mediante el sistema público hizo que una asociación privada asumiera gran parte de esa función»

P: El franquismo utilizó el cáncer como metáfora cuando se refería al comunismo o liberalismo, ¿cómo influyó en la sociedad (y especialmente en los pacientes) que la enfermedad se convirtiera en símbolo de culpa moral?

R: “El cáncer es muy malo, el cáncer mata, el cáncer afecta a todo el mundo”. Entonces, todo aquello que políticamente se consideraba execrable por parte del franquismo se tachaba de “canceroso”, de “tumor”, pero esto no ha desaparecido del todo; en realidad no ha desaparecido. Cuando hablamos de algo malo, es “como un cáncer”, diciendo que lo va a destrozar todo. Es verdad que ahora ha habido una iniciativa parlamentaria de no utilizar el lenguaje bélico para referirse al cáncer, porque a los pacientes no les viene bien, ya que parece que tienen que estar luchando, como si fuera una guerra, como si se les obligara a hacerlo. Y, en fin, es una manera de entenderlo un poco peculiar, pero, en efecto, esa idea de que el cáncer era “de los rojos” aparece, y ahora se utiliza con otros tintes. El franquismo incluye todo aquello que supuso que hubo vencedores y vencidos, es decir, que el franquismo no fue un periodo de paz: fue un periodo en el que no hubo guerra, pero unos la habían perdido y otros la habían ganado. La polémica que ha habido con David Uclés y Pérez Reverte sobre el título de un encuentro, “1936. La guerra que perdimos todos”, ilustra esta cuestión. No, la guerra no la perdieron todos. Cualquiera tiene familiares que la ganaron o la perdieron. Yo vengo de una familia que la perdió. Eso no ha determinado mi vida, pero sí determinó la de mis padres, especialmente la de mi padre.  El franquismo utiliza el cáncer, y otras muchas cosas para imponer su manera de ver el mundo.

P: En el libro se explica que la lucha contra el cáncer dependió mucho de iniciativas privadas, ¿qué consecuencias tuvo esto?

R: Ante la ausencia de iniciativa pública, la iniciativa privada tuvo que cubrir muchas necesidades. Ocurrió también con la tuberculosis y con muchos otros problemas sociales. No solo el cáncer: pensemos, por ejemplo, hoy día, en la “tercera edad”. Hay muy pocas residencias públicas. Esto ha llevado a que surja un mercado muy importante de residencias privadas, algunas de las cuales cuestan muchísimo dinero. Son iniciativas privadas porque hay negocio. Ocurre con muchos otros elementos, por ejemplo, con la espera quirúrgica: cuando estás esperando muchos meses a que te operen surge la iniciativa privada, en ocasiones, concertando con el sistema público. Todo aquello que el Estado no cubría acababa siendo asumido por instituciones privadas o benéficas. Pero una acción benéfica siempre es desigual: “Yo doy porque quiero y lo doy como quiero”, y eso deja claro quién tiene y quién no. Durante mucho tiempo existían hospitales de beneficencia para los llamados “pobres de solemnidad”. Los municipios tenían censos de pobres de solemnidad y esas personas podían recibir asistencia benéfica, con lo cual se establecía una desigualdad: el que se lo podía pagar iba a las consultas de a otros médicos privados; el que no se lo podía pagar, iba al hospital de beneficencia, con el estigma que suponía ir a un hospital de pobres. Por eso los hospitales del Seguro Obligatorio de Enfermedad evitaron llamarse “hospitales” y se llamaron “residencias sanitarias”. La palabra hospital estaba asociada al hospital de pobres. La beneficencia siempre lleva esa carga de estigma, de que te atienden porque no puedes permitirte otras alternativas. En otras iniciativas, como la de recaudar dinero para un determinado fin, ocurre lo mismo: hay que hacerlo porque el sistema público no da suficiente respuesta al problema. También existe lo que hoy llamamos capitalismo filantrópico. Empresas o grandes fortunas financian determinadas causas. Pero sigue existiendo una diferencia clara entre lo público, lo privado y lo benéfico. Un hospital público no pretende ganar dinero. Uno privado sí.

P: Durante el franquismo había cierta visión negativa del científico “puro” (investigación) y la prioridad era la medicina práctica y social, y la asistencia rápida. ¿El retraso en la investigación del cáncer se debió a la falta de consenso entre los científicos de diferentes disciplinas, o a las prioridades políticas?

R: Se priorizó la asistencia frente a la investigación básica porque esta se consideraba demasiado complicada y poco útil a corto plazo. Eso forma parte de un retraso más amplio de la investigación en España, donde se sigue dedicando menos dinero a I+D+i que en otros países europeos. La investigación básica se considera imprescindible, pero menos vistosa. Sin embargo, muchas veces es la que termina dando resultados fundamentales. El ejemplo más claro es la vacuna de la COVID-19. Era investigación básica que llevaba años ahí y acabó siendo decisiva.

P: ¿Cómo reflejó la atención al cáncer las desigualdades sociales?

R: En que se decía que no había desigualdades sociales: uno puede tener cáncer teniendo mucho dinero o sin tenerlo. Pero, en realidad, determinados contextos en los que viven grupos de población con más dificultades económicas acaban influyendo, por supuesto, en las tasas de incidencia del cáncer. Aunque al principio, y en cierto modo sigue siendo así, el lema era que cualquiera podía tener cáncer. De hecho, muchos de los carteles iniciales de la Asociación Española Contra el Cáncer para anunciar el Día de la Cuestación incidían en ello: “Es cosa de todos”. Es cosa de todos dar dinero, pero también es cosa de todos porque a todos nos puede pasar. Así es como se “vendió” el problema. Aunque en el ámbito de la salud y la enfermedad siempre salen peor parados los grupos sociales que tienen menor poder adquisitivo.

Perdiguero Gil, E., & Martínez Pérez, J. (Eds.). (2025). Cancer in Spain over the twentieth century: Politics, practices and knowledge. Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Sociales. https://www.marcialpons.es/libros/cancer-in-spain-over-the-twentieth-century/9791387913403/

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