La salud ocular en la era de las pantallas

Muchos trabajos implican pasar horas delante de un ordenador y los dispositivos móviles ocupan una porción creciente del tiempo de ocio. A muchas personas les preocupan los efectos sobre la salud ocular de estos hábitos, por lo que muchos productos, como gafas con filtros especiales o ciertos fármacos, se comercializan como opciones para contrarrestar los efectos adversos de la larga exposición a las pantallas. Pero, ¿se cansan los ojos? ¿Es verdad que la luz de las pantallas es particularmente dañina para la vista? En el laboratorio de Neurobiología Ocular de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) se estudian los mecanismos neurales de distintas patologías del ojo. En las últimas décadas, han llegado a algunas conclusiones que pueden darnos pistas sobre las mejores prácticas para cuidar la salud de los ojos en la era digital.

Fatiga visual, vista cansada y síndrome visual informático: ¿Son lo mismo?

No, aunque están relacionados, fatiga visual, vista cansada y síndrome visual informático son condiciones diferentes:

  • Fatiga visual: Es un término general que describe la sensación de cansancio, pesadez o incomodidad en los ojos después de un uso prolongado de la visión cercana, como leer o mirar pantallas. Puede estar relacionada con la disminución del parpadeo, la sequedad ocular o el esfuerzo para enfocar.
  • Vista cansada (presbicia): Es un problema ocular asociado a la edad. Con el tiempo, el cristalino pierde flexibilidad y le cuesta enfocar objetos cercanos, lo que provoca visión borrosa al leer o usar dispositivos electrónicos. No es lo mismo que la fatiga visual, ya que la presbicia es un cambio estructural del ojo y no un síntoma pasajero.
  • Síndrome Visual Informático (SVI): Es un conjunto de síntomas como ojos secos, irritación, visión borrosa y dolor de cabeza causados por el uso excesivo de pantallas. Se debe a factores como el menor parpadeo, la iluminación de los dispositivos y la acomodación prolongada a distancias cortas.

Es decir, la fatiga visual es un síntoma temporal, la vista cansada es un problema ocular relacionado con la edad y el síndrome visual informático es una condición específica derivada del uso prolongado de pantallas.

Foto de Karola G, Pexels.

¿Se cansan los ojos?

Los músculos de los ojos son algunos de los más rápidos y resistentes del cuerpo. Diseñados para contraerse y relajarse constantemente, están repletos de mitocondrias, los orgánulos que producen la energía dentro de las células. Gracias a esto, aunque los músculos de los ojos trabajan constantemente para que los objetos de nuestro interés queden enfocados, no se producen agujetas como en otros músculos tras un esfuerzo prolongado.

Por otra parte, la retina convierte continuamente la luz en señales eléctricas mediante la fototransducción, un proceso que implica la descomposición de fotopigmentos en los fotorreceptores (conos y bastones) al exponerse a la luz. Estos pigmentos se regeneran constantemente para mantener la visión, de manera que la parte del ojo que capta la luz tampoco se desgasta con el uso. ​

La visión es un proceso continuo y exigente que necesita mecanismos eficientes para mantener su funcionamiento sin interrupciones.  Aquí es donde entran en juego la fatiga visual y el síndrome visual informático, condiciones comunes en la era digital, que no están relacionadas con un ‘cansancio’ muscular, sino con factores como la disminución del parpadeo y de la hidratación de la superficie del ojo y el enfoque mantenido constantemente en puntos cercanos.

A más atención, menos parpadeo y menos lágrima

“Cuando prestamos atención a una tarea visual, como la que realizamos en las pantallas de los dispositivos electrónicos, nuestra frecuencia de parpadeo disminuye para no perder nada de vista”, explica la catedrática de Fisiología de la UMH Mª Carmen Acosta Boj. El parpadeo tiene como función proteger el ojo, pero también renovar y distribuir la película lagrimal que hidrata y nutre la superficie ocular. “Por tanto, si nuestra frecuencia de parpadeo disminuye, nuestros ojos se secan, y esto nos provocará irritación y en algunos casos extremos, dolor. Si ya padecemos ojo seco, como puede ocurrir a partir de la menopausia o debido a algunas enfermedades, la molestia se intensifica aún más”, apunta la experta.

Otro factor a considerar es la altura de la pantalla que estamos mirando, ya que cuanto más alta esté, más abiertos tendremos los ojos, lo que contribuirá a evaporar la película de lágrima que cubre la superficie del ojo y esto agravará la sensación de molestia. “Las personas que adolecen de sequedad ocular deben consultar con personal médico especializado para encontrar tanto la causa como el tratamiento adecuado, ya que el ojo seco puede ser ambiental o puede estar asociado a distintas patologías más graves”, advierte Acosta. Además, la investigadora puntualiza que no todas las lágrimas artificiales tienen la misma composición, por lo que es recomendable encontrar la fórmula más adecuada para cada caso.

Demasiado enfocar “de cerca”

“Otro problema visual asociado al uso de pantallas es que pasamos muchas horas con un enfoque cercano, acomodando la mirada a pocos centímetros”, apunta el profesor de la UMH Víctor Meseguer. “Esto significa que nuestro ojo se encuentra de manera continua mirando a una distancia corta, cuando de manera general nuestro ojo debería estar cambiando de visión cercana a lejana”, explica el investigador. Mirar siempre a cortas distancias contribuye, por tanto, a la dificultad de enfocar la vista después de una jornada laboral frente al ordenador. Este fenómeno se puede apreciar aún más a partir de los 45 años aproximadamente, con la aparición de la vista cansada o presbicia. Lo ideal, explica Meseguer, sería alternar la mirada entre objetos cercanos y lejanos cada veinte minutos aproximadamente.

Efectos del espectro de la luz: mitos y realidades

Se ha extendido la creencia de que la luz azul de las pantallas es perjudicial para la vista, pero en realidad nuestro ojo está diseñado para procesarla. De hecho, las longitudes de onda de la luz azul forman parte de la luz blanca con la que nos ilumina el sol durante el día. “Sí resultan altamente perjudiciales las longitudes de onda por debajo de los 400 nm, es decir, la luz ultravioleta”, explica la catedrática de Fisiología Juana Gallar. “De hecho, en el laboratorio hemos estudiado los efectos de la luz ultravioleta en el ojo y sabemos que produce inflamación en su superficie, lo que altera la actividad de los nervios que detectan el dolor y la temperatura. Los nervios sensibles al dolor se vuelven más activos, mientras que los que responden al frío reducen su actividad”. Por lo tanto, aunque la luz azul no sea particularmente dañina, hay que tener en cuenta que la luz ultravioleta sí produce daños acumulativos y es imprescindible utilizar gafas de sol. “Aunque sea un día nublado”, explica Gallar, “no necesariamente ha disminuido la intensidad del ultravioleta, por lo que es importante usar protección con filtros de calidad”.

Un reportaje de CBC News revela la estafa de las gafas con filtro de luz azul que se promocionan con supuestos beneficios como “prevenir el cáncer” o evitar otros problemas no relacionados con la luz que emiten las pantallas. Según explica un experto en óptica de la Universidad de Oxford en el mismo reportaje, la luz del día expone nuestros ojos a unas treinta veces más luz azul que cualquier dispositivo electrónico. Hasta ahora, la evidencia científica indica que los posibles beneficios de estas gafas para la fatiga visual se deben, en realidad, a un efecto placebo.

“Un asunto diferente es el efecto negativo de usar las pantallas durante la noche”, explica la profesora de Fisiología de la UMH Ariadna Díaz Tahoces, quien advierte que la luz -venga de la fuente que venga- activa una serie de neuronas de la retina que conectan directamente con los centros del cerebro que regulan los ritmos circadianos, marcando el momento de dormir y el momento de activarse para comenzar la actividad diaria. “Si utilizamos pantallas por la noche, la luz que emiten engaña a nuestro cerebro, que interpreta que sigue siendo de día y no pone en marcha los mecanismos que nos ayudan a conciliar el sueño”, señala la investigadora.

Este efecto está mediado por un fotopigmento llamado melanopsina, presente en un grupo específico de células ganglionares de la retina. Según explica Díaz Tahoces, “estas células  son especialmente sensibles a la intensidad de la luz azul y están implicadas en la regulación del reloj biológico”. Por eso, la exposición a pantallas en horas nocturnas puede alterar el sueño, incluso si la luz no parece especialmente intensa.

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