Un biólogo en el cine: ‘Proyecto Brainstorm’

Un biólogo en el cine es la columna del profesor de Microbiología de la UMH Manuel Sánchez Angulo.

Puedes leer más en su blog: https://curiosidadesdelamicrobiologia.blogspot.com/

Y en sus libros de Editorial UMH.

Como espectadores nos hemos acostumbrado a las historias en las que la tecnología permite que las máquinas sean capaces de interactuar con nuestras mentes (Matrix, 1999), crear recuerdos virtuales alternativos (Desafío total, 1990) o incluso manipular nuestros sueños (Inception, 2010). Todas esas ideas argumentales tuvieron su origen en historias de ciencia-ficción, desarrolladas entre los años 60 y 70 por autores como Philip K. Dick o Michael Crichton, y que comenzaron a ser llevadas a la gran pantalla en los años 80 con mayor o menor éxito.

Con el paso del tiempo, algunas se han convertido en clásicos (Blade Runner, 1982), otras en películas de culto (Tron, 1982) y otras han quedado como pequeñas joyas escondidas. Ese es el caso de Proyecto Brainstorm (Douglas Trumbull, 1983), una película que estuvo en un tris de no existir.

El argumento es el siguiente. Un equipo de científicos, liderado por la doctora Reynolds y el doctor Brace (interpretados por Lousie Fletcher y Christopher Walken), desarrolla una tecnología capaz de grabar en una cinta las experiencias sensoriales y las emociones de una persona, para luego reproducirlas en la mente de otra.

Por ejemplo, una persona a la que llamaremos A, se sube a una montaña rusa para comerse un perrito caliente con mostaza y graba su experiencia. Cogemos la cinta y la conectamos a la mente de la persona B. Éste experimentará todo lo que ha pasado con A, no solo lo que ve, oye y saborea, sino también el miedo o la excitación que ha sentido durante el viaje en la atracción.

Las posibilidades de la tecnología son enormes y consiguen que muchos inversores pongan su dinero en el proyecto, entre ellos el gobierno de los Estados Unidos. Como buena película de los años 80, los militares estadounidenses disponen de un equipo para espiar a los científicos porque ocultan sus aviesas intenciones con respecto al uso de la nueva tecnología.

Una noche, la doctora Reynolds está trabajando en el laboratorio y sufre un ataque al corazón. En medio de su agonía tiene la idea de grabar lo que le está sucediendo. Al poco su cuerpo es encontrado por el doctor Brace y cuando éste se pone la cinta comienza a sentir los últimos momentos de la vida de la doctora Reynolds. Todos los recuerdos de ella aparecen como pequeñas esferas (esa idea también aparece en la película Del revés comentada en el número 35 de esta misma revista).

Incluso llega a vislumbrar que hay un más allá. Afortunadamente para él, interrumpen la transmisión y sobrevive a la experiencia, al no sentir todo lo que ha sido grabado. Pero los militares conocen la existencia de la cinta y quieren obtenerla para sus propios fines.

La idea original se la debemos al escritor Bruce Joel Rubin, que inicialmente intentó producir y dirigir su propia película independiente, titulada The George Dunlap Tape. No encontró fondos para ello y acabó vendiendo el guion a la Metro-Goldwin-Mayer (MGM). La productora encargó la adaptación a Douglas Trumbull, el responsable de los efectos especiales de películas tan icónicas como 2001: una odisea del espacio (1968), La amenaza de Andrómeda (1971) y Blade Runner. Trumbull solo había dirigido antes otra película: Naves misteriosas (Silent Runing, 1971) y consideró que la historia se ajustaba como un guante para mostrar un nuevo tipo de técnica cinematográfica que había desarrollado, denominada ‘Showscan’.

Esta técnica consistía en utilizar una película de 70 mm pero a una velocidad de 60 fotogramas por segundo, dos veces y media más rápido que la velocidad normal, con lo que se conseguía que la proyección pareciera mucho más realista. Podríamos decir que era un IMAX, pero desarrollado en los años 80. Trumbull quería que las secuencias que mostrasen las “grabaciones cerebrales” fueran rodadas con Showscan y el resto con cámaras normales.

De esa manera, quería transmitir que las imágenes mentales de los protagonistas fueran más reales que la realidad. El problema es que una película rodada así exigiría que las salas de cine tuvieran que comprar nuevos equipos de proyección. La MGM le retiró el apoyo y al final Trumbull tuvo que grabar en Super Panavisión 70.

Pero lo que estuvo a punto de acabar con esta película fue la extraña muerte de la actriz Natalie Wood, que interpretaba a la esposa del doctor Brace. Aunque ya habían grabado todas las escenas principales, la MGM vio una oportunidad para retirarse de un proyecto en el que se estaban acumulando los problemas y los costes.

Afortunadamente, la aseguradora corrió con los gastos para terminar el montaje y algunas de las escenas que faltaban fueron grabadas por la hermana de la actriz. La película se estrenó en 1983 y, aunque fue alabada por la crítica, fracasó en la taquilla. Había costado 18 millones de dólares y tan solo recaudó 10 en los Estados Unidos. Trumbull acabó tan enfurecido con la MGM que decidió dejar la dirección de películas y dedicarse solo a los efectos especiales.

Proyecto Brainstorm (Brainstorm)

Director: Douglas Trumbull (1983)

Ficha cinematográfica y origen del póster:

https://www.imdb.com/es-es/title/tt0085271/

Lo cierto es que la película se adelantó a su tiempo al plantear una serie de cuestiones sobre lo que significaría desarrollar una tecnología que consiguiera grabar las sensaciones, los pensamientos y los sentimientos. Podría permitir una comunicación total y sincera entre dos personas, tal y como ocurre con los personajes de Natalie Wood y Christopher Walken, lo que les ayuda a salvar su matrimonio. O podría ser usado para el control remoto de armas por parte de los militares (un momento, creo que eso ya lo estamos viendo con el uso de drones en la guerra de Ucrania). También, podría usarse para tratar psicológicamente a las personas o para torturarlas.

Y, por supuesto, tendría usos en el sexo (hay una secuencia bastante famosa sobre ese aspecto). Otro elemento destacable es que la banda sonora es uno de los primeros trabajos de James Horner, compositor famoso por sus trabajos en Titanic (1997) o en Troya (2004). El aspecto más flojo de la película es su final, que se me antoja como demasiado ingenuo y místico. muy en consonancia con el auge del movimiento New Age de la época.

Uno de los detalles que más me gusta de Proyecto Brainstorm es cómo muestra el paso de la tecnología desarrollada en el laboratorio a una tecnología de consumo. En la interesante secuencia del comienzo, vemos a Christopher Walken con una especie de gigantesco y engorroso casco receptor repleto de sensores y dispositivos diversos para recibir la estimulación por parte de Gordy (Jordan Christopher), el técnico de laboratorio que está grabando sus sensaciones portando un casco casi igual de engorroso. Pero, una vez se ha demostrado que la tecnología ha tenido éxito, lo siguiente que hacen es intentar miniaturizarlo para que pueda ser usado de manera cotidiana.

Aún no hemos llegado tan lejos, pero la tecnología actual ya nos permite en parte descodificar nuestros pensamientos. Sin ir más lejos, en la UMH tenemos el Brain-Machine Interface Systems Lab (BMI-Lab), dirigido por José María Azorín, un laboratorio centrado en las interfaces cerebro-máquina. Estas interfaces no son invasivas y son como un gorro de plástico lleno de electrodos que recogen las señales cerebrales para que puedan ser descodificadas y así poder manejar exoesqueletos por parte de personas que tengan movilidad reducida.

Lo dicho, una pequeña joya que merece ser redescubierta por lo que llegaba a anticipar.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *