Aumentar la proporción de la agricultura ecológica contribuye a suelos más sanos y diversos

Cuidar el suelo se ha convertido en una prioridad global. El proyecto de investigación internacional SOILGUARD, en el que participan investigadores de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), ha analizado suelos agrícolas en distintos puntos del planeta —desde Camerún y Tailandia hasta España o Argentina— para estudiar cómo mantener su fertilidad, su biodiversidad y su capacidad para sostener cultivos en el futuro. El estudio concluye que las zonas agrícolas en las que predomina el manejo sostenible (al menos el 50%) permiten maximizar simultáneamente la producción agrícola, la biodiversidad del suelo y funciones ecosistémicas clave como el almacenamiento de carbono, el ciclo de nutrientes y la regulación del agua.

El estudio, publicado en la revista Nature Sustainability y liderado por investigadores de la Universidad de Alicante (UA), reúne datos de múltiples países y contextos agrícolas para evaluar el estado de los suelos y cómo diferentes formas de gestión influyen en su estado de salud y calidad. En concreto, el equipo comparó sistemas de agricultura convencional y ecológica en 179 parcelas distribuidas en ocho países, incluidas zonas con distintos niveles de degradación del suelo. Los resultados aportan una base científica para orientar políticas agrícolas que equilibren la producción de alimentos con la conservación del suelo, especialmente en un contexto de creciente presión sobre los recursos naturales.

Mapa de las parcelas estudiadas: en rojo, agricultura convencional; en verde, agricultura ecológica. Las parcelas se sitúan en suelos con distinto grado de degradación, desde bajo (sombreado verde) hasta alto (sombreado naranja). Fuente: García-Velázquez, L. et al. (2026). Nature Sustainability. https://doi.org/10.1038/s41893-026-01791-1

“Actualmente, cerca de un tercio de los suelos del planeta presenta algún grado de degradación, lo que pone en riesgo tanto la producción de alimentos como el equilibrio de los ecosistemas”, explica la catedrática de Edafología Fuensanta García Orenes, líder del proyecto SOILGUARD en la UMH. Frente a este escenario, el estudio analiza cómo prácticas como la agricultura ecológica o sostenible pueden contribuir a revertir ese deterioro.

¿Qué características tiene un suelo de cultivo sano?

¿Qué características tiene un suelo de cultivo sano?

Un suelo de cultivo sano es un sistema vivo con estructura estable y alta diversidad biológica. Debe albergar una gran diversidad de organismos —desde microorganismos hasta pequeños invertebrados— que mantengan activos procesos clave como el reciclaje de nutrientes. También requiere una cantidad suficiente de materia orgánica, lo que mejora la fertilidad y ayuda a retener agua, carbono y mantiene la reactividad del suelo.

Además, es fundamental que el suelo conserve su capacidad de infiltración y retención de agua, resista la erosión y mantenga un buen nivel de nutrientes disponibles sin pérdidas excesivas. En conjunto, un suelo sano funciona como un sistema integrado capaz de sostener cultivos, participar en la regulación del ciclo hídrico y el clima y adaptarse a los cambios ambientales.

La edafología es la rama de la ciencia que estudia el suelo: cómo se forma, de qué está compuesto y cómo funciona como soporte de la vida terrestre, especialmente la cubierta vegetal. Analiza aspectos físicos (estructura, textura), químicos (nutrientes, pH) y biológicos (organismos que lo habitan), y permite diagnosticar procesos de degradación y orientar su manejo. La salud del suelo se evalúa mediante indicadores físicos, químicos y biológicos. Se cuantifica la diversidad de comunidades microbianas —bacterias, eucariotas y hongos— y de la fauna edáfica, y se analizan funciones clave como el ciclo de nutrientes, la actividad enzimática, la descomposición de la materia orgánica, la disponibilidad de nitrógeno y fósforo, y la capacidad de retención de agua y carbono.

El trabajo evalúa conjuntamente el rendimiento de los cultivos, la biodiversidad del suelo —incluyendo seis grandes grupos de organismos— y su funcionamiento, mediante 21 indicadores relacionados con procesos edafológicos clave. Los resultados muestran que estos tres aspectos no son necesariamente incompatibles. “En muchos casos, los suelos con mayor biodiversidad también presentan mejores niveles de funcionamiento y productividad”, apunta la experta.

¿Qué características tiene un suelo de cultivo sano?
El proyecto SOILGUARD ha analizado 179 campos de cultivo, principalmente de cereales, en ocho países de Europa, África, Asia y Sudamérica.  Fuente: SOILGUARD.

En este sentido, el estudio identifica un umbral claro: cuando la agricultura sostenible alcanza aproximadamente la mitad del paisaje agrícola, se optimizan simultáneamente estos tres factores —producción, biodiversidad y funcionamiento del suelo—.

Asimismo, los investigadores observaron una gran variabilidad entre regiones y sistemas agrícolas, lo que refuerza la necesidad de adaptar las estrategias de gestión al contexto local. Por ejemplo, el estudio señala que la transición hacia la agricultura ecológica debería priorizarse en suelos moderadamente o altamente degradados, donde los beneficios ambientales son mayores y las pérdidas de rendimiento son menores.

Estos resultados se apoyan en investigaciones previas desarrolladas en el marco del proyecto SOILGUARD, como los ensayos realizados en la finca agroecológica La Junquera (Murcia), también incluidos en este análisis global. En ellos, el equipo de la UMH ya había observado que las prácticas agrícolas sostenibles mejoran la salud del suelo incluso en condiciones de sequía y altas temperaturas, aumentando la biomasa microbiana, el contenido de materia orgánica y la actividad biológica.

A pesar de la diversidad de condiciones analizadas, el estudio identifica un patrón común: los sistemas con una mayor proporción de agricultura sostenible tienden a obtener mejores resultados. Por este motivo, los expertos sugieren que los objetivos actuales de políticas como la Estrategia “De la Granja a la Mesa” de la Comisión Europea, que plantea alcanzar un 25 % de agricultura ecológica en 2030, podrían resultar insuficientes para garantizar la salud del suelo y la sostenibilidad del sistema agroalimentario.

El siguiente paso del proyecto SOILGUARD será identificar qué prácticas concretas de cultivo han contribuido al éxito en las parcelas donde se han mejorado simultáneamente la productividad, la biodiversidad y la salud del suelo.

Además de la profesora García Orenes, por parte de la UMH ha participado en el estudio el investigador Luis Daniel Olivares Martínez. El trabajo ha sido liderado por los investigadores de la Universidad de Alicante Santiago Soliveres Codina y Laura García Velázquez y ha contado con la colaboración de equipos científicos internacionales en los nueve países analizados. El proyecto SOILGUARD está financiado por la Unión Europea dentro del programa Horizonte 2020 (acuerdo de subvención nº 101000371).

García-Velázquez, L., Sánchez-Cueto, P., Lladó, S. et al. Optimizing biodiversity, multifunctionality and yield when transitioning to organic farming. Nat Sustain (2026). https://doi.org/10.1038/s41893-026-01791-1

También te podría interesar

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *